Por: Julio Pomar (especial para ARGENPRESS.info)
Este dizque gobierno no la hace, no le atina a una. Está cercado por un lado y por otro y a ojos vistas no sabe cómo romper ningún cerco. Pero no se crea que el cerco se lo ha impuesto una amenazadora fuerza interna o externa, sino que el mismo dizque gobierno es el que se ha dejado rodear por su incompetencia, por su falta de visión estratégica y por sus caramboleos mediáticos.
Su primer cerco está dentro de su falta de visión estratégica, y es el compromiso o factura a pagar, o pagaré si se prefiere, que Calderón tiene con los 39 ricos-muy-ricos del país, los que se dicen “dueños” de México, los que se alternan en los consejos de administración de las empresas más ricas de la nación, como Televisa, TV Azteca, etc., y en los órganos “cupulares” de la iniciativa privada, donde no es infrecuente que alternen con destacados miembros del establishment salinista y zedillista, a los cuales se han venido sumando los de la pandilla de Fox, o al menos ansían hacerlo, se les cuecen las habas con ese apetito bestial.
Por este cerco o pagaré, Calderón está incapacitado para procurar el bienestar económico de la población, uno de los dos objetivos a que todo gobierno republicano debe responder, ya que al estar comprometido a proteger a los ricos, y lo está haciendo con denuedo aunque con inepcia, desprotege sin duda a los pobres, que son inmensa mayoría, de un 60 por ciento de la población nacional. Ahí está el solapamiento de las alzas a los precios y su intento de reforma laboral con la que quiere poner de rodillas a los trabajadores ante las empresas, con la complicidad de la “charrería” sindical, y ahí está su ceguera-sordera ante el conflicto minero que ya cumplió dos años, pero donde están involucrados unos de los principales aportantes a su campaña electoral, como el ya famoso y tierno dueño de caballos pura sangre, Germán Larrea Mota Velasco, quien se consuela de estas sensiblerías asesinando industrialmente a trabajadores mineros, como ocurrió en Pasta de Conchos.
Su segundo cerco, también imputable a su inexistente visión estratégica, es su presunta lucha contra el crimen organizado dentro del esquema de garantizar la seguridad e integridad física de los habitantes, que de acuerdo con la misma definición republicana es el otro objetivo, junto con procurar el bienestar de la población, de toda República. Su acometida contra los ejércitos del narcotráfico está pasando a ser una carnicería bestial, y en vez de mitigarse o serenarse las feroces contiendas entre delincuentes, éstas aumentan y se saltan hasta la agresión alevosa contra los funcionarios policiacos que real o supuestamente las combaten.
No ha bastado que Calderón meta al ejército en esta guerra que no es de los militares, pues la sigue perdiendo, pese a las declaraciones del inexperto e hispánico secretario de Gobernación de que esas matazones son síntoma de que la lucha oficial está teniendo éxito, pues, supone, el narco amenazado se defiende como gato boca arriba. Y a cambio de eso, ha militarizado las poblaciones a las cuales acude el ejército, donde sólo falta un chispazo de ocurrencia para que se imponga el estado de sitio permanente, propio de una dictadura, no de una República, con su cancelación de las libertades civiles. Tan ineficaz es esta lucha, que la resienten en una de las primeras filas los periodistas, cuyo número de bajas a manos del narcotráfico es ya tan descomunal que haría suponer que los comunicadores somos parte de esa guerra, o entre bandas, o entre bandas y fuerzas del “orden”.
Su tercer cerco es el que le tiene tendido la inveterada iglesia, o la parte dominante de la jerarquía católica, sea por sí misma con sus reclamos de romper el Estado Laico, o sea por interpósitos alcohólicos vociferantes, como el gobernador Etilio González Márquez de Jalisco, con sus donaciones para glorificar la asonada de los cristeros de la década de los 20 contra el Estado Laico, que desorejaban maestros, violaban maestras rurales y repudiaban toda reforma agraria y todo avance social. Pero como Calderón se autodefinió como “pecador standard” en campaña, les mandó el mensaje de que acepta, como buen cordero, la férula eclesial de los Siete Pecados Capitales y de los nuevos fueros religiosos proclamados.
Un cuarto cerco es la corrupción de sus cofrades, que no es menor que la peor de las épocas del PRI y del foxismo, como lo muestra la desvergüenza de su secretario de Gobernación quien firmó contratos a favor de sus empresas familiares siendo ya funcionario del Estado, y cuya única defensa es decir “todo es legal, todo es legal”, negando las evidencias en contrario. Y si con ese ejemplo predican los cofrades de Calderón, ya se verá cómo anda la República en eso de honestidades públicas y corrupciones no menos públicas. Cuando menos, dicen los cínicos mordaces, el PRI robaba pero “salpicaba”; estos del PAN corrompen pero no comparten. Y estos funcionarios azules pretenden credibilidad republicana a la hora de pedir que impere el orden.
Recurre entonces Calderón, como salvación de su alma, al recurso mediático, a la propaganda masiva, en espots y encuestas amañadas, sin siquiera saber si él mismo se las cree. Tampoco con esto logra que se detenga la creciente inconformidad social, que se agudiza ante el otro cerco, el internacional, que por ahora muestra sólo la cara de la crisis alimentaria, y que se viene a sumar al alza de precios de productos de consumo popular que se inició con el “gasolinazo” del comienzo de su administración. De cerco en cerco, sin poder ni querer salir de ellos, se la pasa Calderón Hinojosa. Lo que es la falta de claridad mental, o de visión estratégica, pues…
http://www.argenpress.info/nota.asp?num=054964&Parte=0












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